LA ASIGNATURA PENDIENTE

El foso para el ascenso social lo puede representar el desconocimiento de otras lenguas o la ignorancia informática.
Anexo aquí, un artículo que se publicó ayer en la Vanguardia sobre los idiomas en la educación que creo merece la pena leer.
MIQUEL SIGUAN – 27/03/2006Algunas organizaciones empresariales han denunciado la frecuencia con que los anuncios de vacantes de puestos de trabajo no pueden cubrirse por los escasos conocimientos de lenguas extranjeras, y en primer lugar de inglés, de los candidatos. El problema no es sólo de aquí. En una época de globalización rampante, la necesidad de conocer más lenguas se hace imperiosa en todas partes. Pero las carencias no son iguales en todos los lugares. Desde hace un tiempo, la Unión Europea difunde los resultados de encuestas sobre este tema que nos permiten deducir algunas conclusiones. El primer lugar lo ocupa siempre Luxemburgo, pero el pequeño país difícilmente nos puede servir como ejemplo. En la vida cotidiana se habla el luxemburgués, un dialecto del alemán recientemente elevado a la categoría de lengua nacional, pero desde hace siglos en la escuela luxemburguesa la enseñanza es a la vez en alemán y en francés, de manera que todos los luxemburgueses son, desde sus años escolares, trilingües. Y además Luxemburgo, que a finales de la última gran guerra era un país pobre y cercano a la desaparición, fue de los fundadores del Benelux, por lo que estuvo en los orígenes de la Unión Europea y hoy es un centro político y bancario de primer orden, con lo que muchos de sus habitantes conocen además el inglés. Pero dejando aparte el caso singular de Luxemburgo, que lo que sí demuestra es que el plurilingüismo es generalizable, los datos que ofrecen las encuestas publicadas permiten deducir varias conclusiones. Primera. Los habitantes de los países del norte de Europa conocen más lenguas que los del sur, lo que hay que atribuir en primer lugar a una mayor calidad de sus sistemas educativos, a lo que puede añadirse el hecho de que las películas extranjeras no se doblan. Segunda, los habitantes de los países pequeños son más políglotas que los de los grandes, los de Holanda, Dinamarca o Finlandia más que los de Francia o de Alemania. Finalmente, los habitantes de los países que tienen cono lengua principal el inglés, concretamente el Reino Unido e Irlanda, son los que menos lenguas extranjeras conocen. Los habitantes de España están entre los que menos lenguas extranjeras conocen, pero a su vez en su interior las diferencias son muy grandes. Aunque los datos estadísticos disponibles son escasos, los existentes nos informan de que el mayor conocimiento de lenguas extranjeras, y en primer lugar del inglés, se da en las islas Baleares, seguido de Catalunya, el País Vasco y Madrid. Con una tendencia creciente en la costa mediterránea, lo que revela el peso del turismo sobre este asunto. Y todavía otra observación. En todas partes el nivel de conocimiento de lenguas extranjeras es menor en los sectores mas desfavorecidos de la sociedad, de manera que, sin exagerar demasiado, puede decirse que si hace años el analfabetismo constituía el foso que impedía el ascenso social, en nuestros días el foso lo puede representar la ignorancia informática y el desconocimiento de otras lenguas. ¿Qué puede hacerse para aumentar el conocimiento de lenguas extranjeras? Obviamente, el camino implica en primer lugar a la escuela. Y, de acuerdo con las tendencias actuales, consiste en introducir la enseñanza y el uso de una o de más lenguas extranjeras lo más pronto posible. En el País Vasco desde hace un tiempo y en Catalunya y en Madrid desde este curso se ensaya la introducción precoz del inglés en una muestra importante de las escuelas públicas. Es una iniciativa atrevida, no sólo porque requiere un profesorado de inglés preparado para esta función en mayor número del que disponemos, sino también porque supone que al cabo de un tiempo el inglés será no sólo lengua enseñada, sino en alguna medida vehículo de algún tipo de enseñanza, algo que no es fácil de cumplir y que, en todo caso, implica una amplia autonomía de los centros escolares para aprovechar distintas posibilidades. Esta iniciativa institucional, que ojalá llegue a buen puerto, no elimina otras posibilidades de aumentar el conocimiento de otras lenguas en el periodo escolar. Una de ellas son las escuelas bilingües. En la actualidad, existe un número importante de centros de escolares de secundaria en Francia y en Alemania que ofrecen la enseñanza en las dos lenguas y que están hermanados, uno en Alemania y otro en Francia, de modo que mantienen relaciones e intercambios frecuentes. Entre nosotros esta solución es difícil de aplicar, pero sí es posible fomentar las relaciones con centros escolares de otros países donde se hablan otras lenguas e incluso mantener estas relaciones utilizando una tercera lengua como medio de comunicación. Supongamos una escuela de Barcelona aliada con otra de Ginebra y otra de Praga que efectúen actividades conjuntas utilizando el inglés cono lengua de intercambio. La existencia de ordenadores conectados a internet en las escuelas debería facilitar el multiplicar estas experiencias. Llevar a cabo estas experiencias significará aumentar las competencias lingüísticas del profesorado en su conjunto, pero representará en primer lugar aumentar el número y la competencia de los profesores de lengua. Y aquí me permito un par de observaciones. La primera, que no basta con la competencia lingüística, sino que ha de acompañarse de la competencia pedagógica y de una pedagogía adecuada al tipo de enseñanza propuesta. Y la segunda, que el profesor de una lengua determinada tiende a poner todo su interés en la lengua que enseña y a desinteresarse por las otras e incluso a considerar que cuanto menos las conozcan o las utilicen sus alumnos más progresarán y más mantendrán limpia la suya. Pero la verdad es que los alumnos se preparan para vivir en un mundo plurilingüe donde distintas lenguas pueden cumplir distintas funciones, lenguas del territorio, lenguas de los inmigrados, lenguas de comunicación internacional, pero que su conocimiento deberá ponerse, en último término, al servicio de la colaboración y de la solidaridad. Hace ya muchos años que la Unesco propuso el programa Linguapax, que pretendía precisamente poner la enseñanza de las lenguas al servicio de la solidaridad y de la paz. Sería hora de tomarlo en serio.
MIQUEL SIGUAN , catedrático emérito de la UB

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